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ASPECTOS TÉCNICOS DE LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

ASPECTOS TÉCNICOS DE LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

28/12/2023


Roger Mira

La contaminación lumínica es un problema transversal, con múltiples facetas, que provoca un sinfín de daños a primera vista imperceptibles, pero que van acumulándose a largo plazo. Sus efectos, no sólo repercuten sobre nuestra salud y la del resto de los seres vivos, sino que ocasionan trastornos a la circulación de vehículos por las vías públicas, causando accidentes de tráfico al provocar situaciones de deslumbramiento nocturno debido a farolas mal instaladas o con un diseño deficiente, paneles publicitarios demasiado brillantes junto a las carreteras o rótulos luminosos de farmacias que emiten una luz verde excesivamente agresiva; en cuanto a los túneles, han de estar más iluminados durante el día que por la noche, para evitar el deslumbramiento, pero no siempre se tiene en cuenta este principio básico.

Rótulo luminoso de una farmacia en València

El tránsito aéreo no escapa de sufrir las consecuencias: los pilotos de aviación se desorientan cuando han de aterrizar en aeropuertos como Valencia, Barcelona o Madrid, rodeados de grandes focos de contaminación lumínica, sobretodo en días con visibilidad reducida.

La lucha contra la contaminación lumínica es relativamente sencilla, se trata de iluminar con sentido común y, si nos centramos en el alumbrado público, hemos de atenernos a 5 principios básicos:

  • Las farolas que se empleen han de dirigir la luz siempre hacia abajo, nunca hacia los lados ni mucho menos hacia arriba (en el cielo no hay nada que iluminar y la luz que enviamos hacia arriba es energía que se pierde, pero que la pagamos de nuestros bolsillos).
  • En los núcleos de población se ha de instalar la cantidad de farolas estrictamente necesaria y no más: lo contrario es una forma de despilfarro como cualquier otra.
  • Dichas farolas han de utilizar bombillas de la potencia justa, rebajándose la cantidad de luz que emiten en las horas en las que las calles están poco transitadas.
  • Las bombillas han de emitir luz amarillenta o anaranjada, evitándose a toda costa los LEDs de color blanco, por la componente azulada que emiten, con las consecuencias para nuestra salud que ya hemos indicado en otras entradas del blog y porque la luz azul (fría) se dispersa más por el aire que la de colores cálidos.
  • Del mismo modo que apagamos la luz del interior de nuestras casas cuando no hacemos uso de ella, hemos de apagar los elementos del alumbrado exterior que resultan innecesarios a determinadas horas de la noche (monumentos iluminados en horas en que no son visitables o rótulos luminosos que siguen en funcionamiento en horas en que las calles están desiertas, por ejemplo).

Como hemos dicho, la luz es una forma de energía y, por tanto, la iluminación irresponsable de los municipios es una doble fuente de afección al medio ambiente: en primer lugar, por los efectos que provoca en los seres vivos por recibir luz en horas en que deberían de estar en plena oscuridad y también porque para que las bombillas produzcan luz, previamente, se necesita generar electricidad que alimente a dichas bombillas. Por la noche, los paneles solares no funcionan y el viento suele calmar, provocando un descenso de la producción eólica, por lo que es necesario aumentar el rendimiento de las centrales térmicas para cubrir la demanda de electricidad que se requiere por sobreiluminar las poblaciones, con los efectos nefastos que conlleva el incrementar las emisiones de CO2, uno de los principales gases causantes del efecto invernadero, que está provocando un calentamiento global en nuestro planeta.

València y pueblos adyacentes vistos desde la Estación Espacial Internacional, orbitando a 400 Km de altitud

La sobreiluminación de pueblos y ciudades también provoca un empobrecimiento de las administraciones públicas, por tener que pagar un sobrecoste en alumbrado que se podría destinar a otros usos que repercutirían directamente en la calidad de vida de los ciudadanos: mejoras en servicios sociales, sanidad, cultura, educación, infraestructuras, etc. De forma inconsciente hemos asumido la idea de que más iluminación en las calles es sinónimo de más riqueza, pero la realidad es todo contrario: sólo un alumbrado eficiente y responsable nos asegura el equilibrio entre seguridad cuando transitamos las calles, respeto al medio ambiente -y a nuestra salud- y sostenibilidad económica para las administraciones públicas que gestionan la iluminación nocturna.